Este mito no solo nos presenta a una de las parejas más importantes del panteón hindú, sino que también nos advierte sobre hacer enojar a cierta deidad
Hola, ficcionarios
Aunque ya tiene un rato que pasó febrero, decidí compartirles cierto mito pro dos motivos. El primero, como una forma de dar continuación al mito que les subí hace unos meses: Shiva el destructor. Y el segundo, por el tema del amor, y para demostrar que, sin importar que tan poderosos sean los dioses, algunos de ellos han encontrado sus respectivas debilidades o puntos vulnerables en donde menos lo esperaban.
¿Están listos para conocer esta historia de amor qué estuvo a nada de terminar en tragedia? Vamos con el siguiente mito.
Mito: La muerte de Sati y el renacimiento como Parvati
Tras aquel episodio con los dioses y los demonios, Shiva notó que su relación con algunas deidades se resintió y ya no era lo mismo que antes. Por supuesto, el problema con el poder no fue lo único que provocó tensiones entre El destructor y la primera deidad del Trimurti.
Brahma y Shiva estuvieron a punto de enredarse en una lucha épica que sin duda lastimaría al mundo y a los dioses, y todo empezó por cierto malentendido.
Hace mucho tiempo, Shiva y Brahma se encontraron en un sitio y, por lo que se cuenta, sin provocación por parte del segundo, Shiva decidió arrebatarle una de sus cabezas a la primera deidad del Trimurti. Sacó una hoja afilada y sin contemplaciones le cortó aquella extremidad.
Ni el dios ni las demás divinidades podían creer lo que había pasado. Nadie entendía sus motivos, y por ello se exigió su expulsión del cielo.
Tras la acción, el destructor dejó de ser considerado para diversos eventos y situaciones, lo que poco a poco lo fue alejando de todo y de todos. O al menos, eso era lo que parecía que estaba pasando.
Un día, el dios Daksha decidió celebrar una fiesta de compromiso para su querida hija Sati. La diosa era conocida por su gracia y su apariencia, por lo que sabía que habría varios interesados en obtener su mano.
Por supuesto, Shiva no estaba invitado a la fiesta, aunque eso no lo detuvo de asistir. Nadie sospechaba que aquella acción estaría a punto de desatar el fin del mundo.
En el momento más álgido de la fiesta, Daksha le pidió a su hija que pasara al frente y eligiera al que se convertiría en su marido.
Por supuesto, les aclaró a todos los presentes que la elección se llevaría a cabo mediante una guirnalda, la cuál arrojaría su hija y el dios que la atrapara sería el afortunado que podría casarse con ella. Con esas indicaciones, Sati tomó la guirnalda y la lanzó.
Justo en ese momento iba llegando Shiva a la reunión.
Con sorpresa, todos los presentes fueron testigos de que, el dios afortunado y quien se había llevado la mano de Sati en matrimonio era justamente el dios Shiva.
La deidad no tenía problemas en contraer nupcias con Sati, pero el padre de la joven diosa, Daksha, tenía mucho que decir al respecto y no estaba para nada contento con lo que había ocurrido. Con disgusto, no tardó en pronunciarse contra aquella unión.
Con el pasar del tiempo, tanto Daksha como el mismo Shiva, mostraron su descontento hacía las palabras y acciones del otro. Mientras uno alegaba que la unión debía de respetarse, pues la elección de marido había sido justa y sin trampas, el otro discutía que no estaba dispuesto a dar la mano de su hija a una deidad que había causado tantos problemas.
Como es lógico, la discusión fue creciendo, y con ello, el corazón de Sati cada vez se entristecía más. Fue tanta la pena, que al final la diosa decidió actuar.
Sati no podía seguir viendo aquella pelea entre su padre y el que se había convertido en su consorte, por lo que, sin pensarlo demasiado, se acercó al fuego del sacrificio con cuidado y, cuando nadie se lo esperaba, se arrojo a las llamas del mismo.
Las lenguas de fuego no tardaron en trepar por su cuerpo, devorando sus cabellos, su carne y todo su ser. Aquella acción no solo provocó que Shiva perdiera los estribos por completo, sino que desencadenó una serie de hechos que pusieron en peligro a todos los dioses.
Lo primero que hizo Shiva, nada más comprender que fue lo que había hecho la hermosa Sati, fue posar los ojos en su padre y mirarlo con una furia atroz. Para él, la deidad era el culpable de la situación y el primero que debía pagar, así que se acercó a Daksha con la intensión de atacarlo, ¿O no?
El resto de los dioses vio con horror como Shiva arremetía con furia sobre Daksha y, sin dar tiempo que se pudiera defender, le cortó la cabeza.
Tras hacerle eso al dios, Shiva llamó a unos demonios, esbirros que se movían por el cielo, y les encargó que realizarán una tarea imposible, según los dioses.
Debían buscar el cuerpo de Sati en el aire y, cuando lo tuvieran completo, debían llevarlo ante él. Al escuchar esa petición, los dioses pensaron que Shiva buscaría una forma de devolverle la vida a la joven deidad, sin sospechar que sus intensiones eran otras muy diferentes.
Cuando los demonios por fin pudieron dar con todos los trozos de la joven y amada Sati, transportaron el cuerpo ante Shiva y se marcharon aterrorizados, pues sabían que tan peligroso era el dios.
Shiva contempló el bello rostro de la diosa con anhelo. Se le había arrebatado la posibilidad de tener una esposa amable y virtuosa, por lo que, a su parecer, ya solo le quedaba una cosa por hacer. Sin pronunciar palabra, el dios tomó el cuerpo de Sati y…
Tras alejarse de los demás dioses, Shiva procedió a tomar los restos de la ya finada diosa y, actos seguido, dio inicio a un movimiento que los demás dioses reconocieron de inmediato, pues estaban consientes de que aquello solo podía significar una cosa.
El Tandav, o mejor conocido como el baile de la muerte, fue desplegado bajo la mirada aterrorizada de las deidades, quienes, impotentes, no tardaron en pedirle a Shiva que se detuviera. ¿El motivo de ello? Bueno, el baile no llevaba ese nombre por que si.
Por lo poco que sabían gracias a Shiva y a algunas deidades que conocían sobre el mismo, el Tandav tenía como único propósito el final del universo tal y como se conocía.
La danza había sido diseñada para destruir y desequilibrar todo aquello que tenía una presencia en el cosmos, pero, al mismo tiempo, todos sabían que aquella danza aún no tenía que ver la luz. Aún era muy pronto para la aniquilación de lo conocido, así que, ¿Qué podían hacer para detener a Shiva?
Mientras los dioses deliberaban para convencer a Shiva de que detuviera el Tandav, la deidad solo se dedicaba a bailar con el cadáver de la finada Sati entre sus brazos. Parecía ajeno a lo que ocurría a su alrededor, ya que sus pasos nunca vacilación y tampoco su convicción.
La perdida de la que sería su esposa había sido muy dolorosa, así que no le importaba adelantar el fin del mundo, con tal de encontrarse con ella.
Al ver que no podían hacer nada para detener a Shiva, los dioses convocaron a Vishnu, el tercer dios que conformaba el Trimurti, y le solicitaron su ayuda. Al ser conocido como el dios protector, Vishnu sabía el peligro que corría la existencia y se presentó ante Shiva.
Ver a aquella deidad sumida en el dolor hizo que Vishnu tomará una decisión en cuanto la existencia perdida de Sati. Sabía que podía hacer algo, así que interrumpió el Tandav con un anuncio que cambiaría la situación actual.
Vishnu le ofreció a Shiva la posibilidad de resucitar a Sati y traerla de vuelta a su lado. Por supuesto, para ello Sati tendría que dejar atrás parte de lo que fue, para convertirse en una diosa más bella y virtuosa.
Shiva aceptó el ofrecimiento de Vishnu, sin importar si Sati cambiaba demasiado. Quería la vida de la diosa, y estaba dispuesto a aceptarla sin importar esos cambios.Tras tomar la decisión, Vishnu tomó el cuerpo de Sati y poco a poco fue dotándolo de nueva vida. Mientras lo hacía, el resto de los dioses pudieron notar que, en efecto, Sati poco a poco iba adquiriendo una belleza sin par, al mismo tiempo que la vitalidad recorría cada parte de su cuerpo.
Cuando Vishnu terminó su labor, Sati abrió los ojos, para dar a conocer que ella ya no era Sati. Se había convertido en la diosa Parvati.
Dato importante: Si bien era del conocimiento de los dioses que Shiva podía llegar a convertirse en una fuerza de la naturaleza casi imposible de detener, con la muestra de su poder durante el Tandav todos se dieron cuenta de que tan importante era no provocar la ira del dios destructor.
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